Ameyal

Hacía tiempo que buscaba incorporar a mis recuerdos y a mi lista de recomendaciones internacionales, un mexicano que estuviera a la altura de su gentilicio. Pues bien, Ameyal acaba de hacer lo propio en el top mind de mis imprescindibles para 2017.

Cansada de parques temáticos cómicos y folklóricos como las cantinas de nombres rancios y los chiringuitos de burritos y olor  a Old del Paso, he encontrado el mexicano que buscaba en la ciudad de Valencia. El mérito no es mío… en 35 años no lo había conseguido. Esther Cerveró tiene la culpa de una comida 10, con compañía 11 y un recuerdo que a buen seguro tenderá a infinito.

Ameyal, el restaurante mexicano del que os hablo hoy, ubicado en Conde Salvatierra, es un pedacito de México en la ciudad de Valencia. Su nombre, en lengua nahuatl, significa manantial y creo que le hace honor tanto culturalmente como gastronómicamente.

El primer 10 de la experiencia está en su espacio. ¿Hay alguien que haya un visto un mexicano en Valencia con aspecto de restaurante elegante, pausado y cuidado? El siguiente sobresaliente llega cuando te sientas, abres la carta y te explican que el mejor maridaje es un cocktail. Pues no se hable más… allá donde fueras, haz lo que vieras. Yo me pedí el Ameyal porque lo mío es el tequila y la Margarita ya tuvo su momento en mi vida… (noviembre de 2006, México DF).

Nos comenta Esther en la mesa, a Bea, a Joseca (compañeros de rancho, de excepción) y a mí, que en apenas un año de vida este restaurante ha logrado entrar en la Guía Repsol y ha recibido el reconocimiento como el mejor Restaurante Mexicano del Año, en el ámbito nacional, que otorga cada año la Luxury Travel Guide.

Su chef Mauricio Gómez, un enamorado de España, dice que ha venido a nuestro país con el objetivo de ponerse al frente de la cocina de Ameyal para “alejar de la mente de los valencianos la creencia de la cocina mexicana es solo burritos y nachos, y que toda la comida mexicana pica, porque es un concepto totalmente tergiversado ya que nuestra cocina es mucho más rica en matices y sabores, lo que ocurre es que desgraciadamente lo primero que llega es el fastfood”.

La verdad es que me sorprendió el apartado del picante. Nada picó, al menos en mi paladar. No es una crítica, es una apreciación que dejo aquí en medio del post para que saquéis vuestras propias conclusiones. Creo que no debe ser un handicap que la comida pique y creo que no hay que despejar de una gastronomía carcterísticas intrínsecas de su cultura. No obstante, fue un deleite. Y seguramente de esa manera podrá serlo para más personas.

Como excepción -de excepcional- mentaré el guacamole. Lo hacen delante de ti, al gusto, sin prisas, con aguacates mexicanos y unas manos delicadas que complacen el gusto con solo mirarlas trabajar. Dicen que es uno de los 10 mejores guacamoles de España y me lo creo.

Todo lo que comimos fue una experiencia para todos los sentidos. Agradable, transformadora y muy top culturalmente hablando. El postre, no os los perdáis… delicado, suave y amoroso, como el trato y la gentileza de todo el equipo.

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