Hace tres años aproximadamente la vida me cogió de los brazos y me zarandeó como quien agarra a un niño encanado en un disgusto y lo mueve con firmeza y determinación, para sacudirle la angustia.

Ese punto gordo, repasado una y otra vez con tinta, hasta romper el papel donde se dibuja tu timeline, el marcador de libro que se apuntala en una página de tu vida y aquel gomet rojo que se instala en tu calendario sin más pegamento que el de la ostia que te acaban de dar, todo ello -junto y por separado- es el significado literal de la palabra inflexión. La semiótica es, a veces, una invitada sin cita previa difícil de encajar.

Las pérdidas siempre duelen. Personas que se van extremadamente pronto, tanto que explicárselo a un niño de 3 años multiplica el duelo -era su mejor amigo, un pedazo gigante de su universo-; Familiares que agotan sus días aferrándose a tus manos, en el precipicio de una cama de la que no escapará -y tú le piensas cada día porque te falta-; Amigas que se van a la francesa, destruyendo todo lo que encuentran a su paso con olor a ti, sembrando campos de odio que acaban por engullirles sin dejar rastro.

La vida… que como suele decir mi madre, es un tango. Y todo esto sucede el día de después del baile, después de entrecruzar los pies, bien agarrados y con el alma encogida, a punto de ser volada en mil pedazos.

El día de después de que la vida me dijera que nada es para siempre.

O no la oí, o no la comprendí, o no supe escuchar. Pero ahí estaba mi amiga María, ese inequívoco día de después, con sus cincuenta años, sus ojos claros y su legado vital, para decirme -por si todavía no me había enterado-., que en la vida nada es para siempre.

Desde entonces me lo repito cada día, en el café de la mañana, en la ducha, en el beso de buenas noches que afortunadamente aún puedo dar a mis hijos… Muchas personas piensan que he llevado al extremo esta sentencia. Yo pienso que voy puliendo las fichas del puzle, que tarde o temprano nos veremos obligados a volver a encajar.

Y al final nada de esto te hunde. Al revés, las palabras NADA y SIEMPRE, te empujan al TODO y AHORA. Y ese es un buen farol con el que ganarle la partida al futuro, cuando la mesa está fría.

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Posted by:Dulce

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