Hoy le he preguntado a tres personas de mi entorno, de índole muy diferente, si conocían a Jesús Ger, propietario de Marina d’Or. Todas ellas me han dicho que sí, al tiempo que esbozaban una sonrisa por lo bajini. Le conocen ¨de leer noticias, de la tele, de lo que cuenta la gente…”. Osea, no le conocen absolutamente de nada.

El ser humano es increíblemente moldeable. A pesar de nuestra inteligencia, de la plasticidad de nuestro cerebro, de los estudios que confirman que las experiencias lo transforman hasta el final, tenemos la capacidad de creernos a pies juntillas lo que nunca hemos tocado, lo que jamás hemos tratado, solo porque “dicen que…”.

La opinión pública nos anexa y nos divide, sin más esfuerzo que el de merodear entre conversaciones de bar, aligerando nuestras vidas mientras cargamos contra las de los demás.

Yo sí conozco a Jesús Ger. Lo conozco de frente y de costado. He mirado fijamente sus manos, los surcos de su cara, he clavado mis ojos en los suyos y le he escuchado atentamente con ganas de saber por qué este señor, el dueño de Marina d’Or, no es un Roig, un Serratosa o un Lladró ¿por qué?

Jesús Ger, el señor que emplea en estos momentos a unas 1.400 personas, que destina miles y miles de euros cada año a proyectos sociales -en retorno y agradecimiento a lo que se lleva de nuestra sociedad- que mis conocidos ignoran por completo, es un absoluto inmigrante en la sociedad valenciana.

Ese el gran pecado de Jesús Ger, el propietario de Marina D’Or, no encajar en el ramo de la gente noble, no aparentar en el espejo de la vanidad levantina.

Y seguramente una cosa más: que fabricaba colchones. Primero hacía 8 y luego 500 cada día; Se compró unos cuantos terrenos, los mismos que vendieron un puñado de familias a las que les pareció fenomenal cuando firmaron en el notario y trincaron la pasta; luego construyó una ciudad para veraneantes, señores y señoras que compraron de motu propio así, sin extorsión ni nada, sin trampa ni cartón; y levantó unos cuantos hoteles y parques infantiles con los que sueñan ir cada verano TODOS los niños de España -preguntad al bajito de 6 años que tengáis más cerca-.

Ay Jesús, ¡a quién se le ocurre montar un negocio turístico e inmobiliario en España! Eso tendrías que haberlo hecho en Noruega o en Holanda, que aquí lo que se lleva es la industria del acero y el petróleo.

Posted by:Dulce

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