Se acaban las vacaciones y con ellas la holgura para muchas personas en lo que respecta a la ropa. Y no hablo de la magnitud de las prendas, de si son anchas o estrechas. Hablo de lo que aprieta que nos exijan un dress code a l@s que nos gusta expresarnos con libertad, también con la voz de nuestro armario.

Muchos hombres vuelven a la corbata, a los pantalones de pinzas, a los zapatos, a las americanas… algunas de nosotras -yo, afortunadamente ya no- al dress code oficinista, ese que ya casi cuesta encontrar porque hasta Amancio lo considera absolutamente demodé.

Que te digan cómo tienes que vestir, sin uniforme, es algo que siempre me ha tocado los ovarios. Lo siento, pero la libertad de expresión está recogida en nuestra constitución, dentro del apartado Derechos fundamentales y Libertades Públicas. Y la moda, es un lenguaje con el que uno se expresa cada día, al tiempo que cubre su piel.

Me pregunto por qué esas empresas tan preocupadas por lo que su gente se pone, no rompen con su complejo de una vez por todas y uniforman a sus empleados. ¿No es más fácil entregarles las tres prendas de un atuendo preestablecido, que darles la lista de lo que sí y de lo que no? Lo digo porque ahora cuando nos reencontremos en la ofi con el tío de la camisa negra y la corbata blanca, o el de la camisa de cuadros con el traje de rallas, septiembre va a doler -más si cabe-.

El asfalto, la naftalina, el poliéster y los zapatos de goma de tu jefe, todo eso junto en el primer día de trabajo, debería estar recogido en el manual de riesgos laborales como potencial desencadenante de una depresión laboral indeterminada.

Pero… ¿y a la chica del pañuelo? A esa nadie tiene huevos a decirle que se lo quite. Ahí sí somos progres, integradores y mejores empresas. El pañuelito de la cabeza de la del departamento de internacional es un complemento que no molesta a nadie y además nos da un toque multicultural, mientras que tus vaqueros de Fornarina son la semilla del diablo. Anda ya!

Que no, que no lo acepto ni lo comparto. Yo hace ya mucho tiempo que me pongo cada día lo que me rota. Mi armario es válido los 365 días al año y lo que pienso ya no pasa una censura en ningún departamento de RRHH.

Ya NADIE tiene potestad de decirme si mis vaqueros rotos por la rodilla, mis myblüchers y mi blusa a medio abrochar es digno de algún departamento rancio, obcecado en despojarnos de lo que somos. Ya hace tiempo que compré mi independencia, a fuerza de emprendedurismo, esfuerzo y convicción.

En mi empresa, La embajadora, los únicos colores a los que obedezco son a los de la identidad corporativa de nuestros clientes y la única prenda que prohíbo a mis compañeras, empleadas y colegas, son aquellas que aprietan, que las ocultan, las vejan y las señalan como prohibidas. Aquellas que hacen que el género te signifique y te aparte. Pero la verdad es que ninguna es de pañuelo, ni de velo, ni de burka. A ellos, solo un cosa: que el calzoncillo no les apriete, que bastante apretada tenemos ya la agenda de lunes a viernes, como para ir acumulando estrecheces.

 

Posted by:Dulce

2 replies on “Vuelta a la ropa de trabajo, un atentado cotidiano contra la libertad de expresión

  1. Agradezco muchísimo encontrar una voz que se queje de algo que me quema tanto….velo,burka o todas sus versiones más o menos modernas,cómo ese super invento que fue el burkini,maravillada estoy…..en fin,que somos tan tolerantes que hasta ya debemos tolerar a los intoletantes….porque quien es el simpático que me da verdaderas razones lógicas para que una mujer lleve tanta tela que sólo de mirarla me dé calor y su marido vaya al lado en bermudas,escena que ví hace no tanto en un centro comercial. Ellas quieren,ellas lo eligen,hay que ser tolerantes…..tolerante con la mayor dr las intolerancias?? Jamás!!! Y ya me pueden llamar racista,porque no lo soy….simplemente me enfada muchísimo si quiera pensar que algún día alguién me lo imponga o me vea en la situación de creer que es lo correcto. Hacia donde vamos con la normalización de costumbres medievales??? Las mujeres NO somos menos que los hombres ni debemos ocultar nuestro cuerpo. Nunca! Encantada de haber descubierto tu blog!!

    1. Gracias por tu comentario Berta. Parece mentira que estemos en el siglo XXI ¿verdad? La humanidad empeñada en viajar al espacio, con todos los asuntos que nos quedan por resolver en la tierra. En fin… me alegra tenerte por aquí. Tienes un nombre precioso 😉

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