Hace escasos meses, un lunes por la mañana entre las 10 y las 13h, alguien destrozó la puerta de mi casa -en plena ciudad- y se coló dentro de mi vida, ultrajando el lugar más íntimo de mi familia, para llevarse unos cuantos relojes, algún anillo importante y para qué engañarnos… un pedacito de nuestra confianza en las personas.

Cuando alguien coge todas tus bragas y las tira al suelo, revuelve entre tu cajón desastre donde se mezclan fotos de carné, gomas de pelo, cascos, libretas de apuntes cotidianos y otros pequeños tesoros; cuando se mete dentro de tu vestidor y arrambla con todo lo que le parece que puede colocar a un buen precio sin miedo a despojarte de recuerdos y momentos que no volverán; cuando violan ese espacio, el único en el que te sientes a salvo de la vida en general; cuando descubres que tu casa no es ese castillo fortificado material y sentimental… nada allí dentro, NADA, vuelve a ser igual.

Pero sigues. Aprendes a vivir con tiento, conviertes tu casa en una cárcel amable con sus rejas, su alarma y su mirilla electrónica. Lo único que queda de valor dentro de ella somos nosotros, así que intentas proteger lo que verdaderamente importa, dejando atrás lo que el dinero podrá volver a comprar.

Aceptar esto es fácil. No hay otra. Pero cuando todo recupera de nuevo el ritmo, llega un viernes de septiembre, abres el periódico y ves que el último trabajo que has desarrollado con el equipo de tu agencia, de buena fe, para un pseudoconcurso de rebranding -sin briefing ni registro de entrada del material- parece haber sido fusilado por la televisión que te lo ha encargado… entonces sí que se te encoje el alma.

logo la ocho copiado
Logo de Doyou Media para Mediterráneo TV

Y entonces te das cuenta de que vivimos en un mundo efímero, en un país en el que la propiedad es una entelequia, aun en el bando más conservador. Rodeados de corporaciones que presumen de lo que no son y profesionales que, con queso, te dan lo que les pidas. Solo hay que establecer el trato y el precio.

Me pregunto si la agencia de Lluis Motes lo habrá hecho gratis, como contraprestación a su contratación como estrella de la nueva programación. Por encontrar una excusa aceptable. Según fuentes que intervinieron en el proceso, su logo era morado. ¡Vaya!

A mí las trampas no me gustan. Hablo de la vida en general, porque es la vida en general la que te lleva a estos momentos en particular, que lo dicen todo sobre alguien.

Soy una tía resiliente y optimista. Digamos que llevo puesto el piñón pequeño en el cuadro de mi bicicleta. Me gusta ir corta en la marcha porque me paso la vida pedaleando hacia arriba, atraída por las vistas y sin más metas que las de pasar un buen rato en este tourmalet de la comunicación y la publicidad. No obstante, que me roben no lo llevo bien.

Señores de La 8 mediterráneo, ¿saben lo que les digo? que se podrán llevar las ideas de La embajadora o las bragas de mi cajón, pero la dignidad es lo único a lo que no accederán.

Les pido disculpas por declinar su ofrecimiento para subirme a su nueva programación, pero tengo la costumbre de participar en proyectos de verdad con personas con ética profesional. Colaborar en un programa suyo, a estas alturas del la película, me parece hipócrita, además de un flaco favor al diseñador de mi equipo que ha elegido el color de su nueva marca y a mí misma que embasté durante el pasado mes de junio lo que me parece que hoy es su apuesta.

Buen viaje, allá donde quiera que ustedes vayan. Bon vent i barca nova.

Posted by:Dulce

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