Hoy he leído en el timeline del Facebook de Carmen Amoraga un mensaje que ha imantado algunos pensamientos y conclusiones a las que he llegado en los últimos años de mi vida.

Sus palabras eran estas: “Si quieres decirme algo que me ponga contenta, llámame valiente. Gracias”.

¿Y sabéis qué me ha venido a la mente? Pues muchos nombres de mujeres que abanderan la vida a golpe de esfuerzo y ganas de hacer desde nuestra pequeña gran ciudad.

“Llámame valiente”. Y de repente he visto caminar rapidísimo por el casco antiguo de la ciudad a Victoria del Hoyo con sus cajas de myblüchers;  me he cruzado en el siguiente pensamiento con Sonia Remohí cargando un camión de pedidos de Salacadula; he adivinado a Esther Cerveró fotografiar con esmero la carta de un nuevo restaurante; me ha venido a la mente Clara del Portillo en una feria internacional, con sus últimos sillones -esos que deberían de estar en los museos en vez de en las casas-; y también te he visto a ti, Carmen, con tus gafas, delante de ese ordenador al que le [nos] regalas historias mientras tus animalitos te rondan y tus hijas te observan para ser, cuanto menos, como tú.

Son una generación afortunada: tus hijas, los hijos de Sonia -le acompañan en la foto que ilustra este post-, los de Esther, el de Clara… Son hijos de mujeres valientes que concilian sus diminutas vidas con el grandioso desempeño de sus madres, porque… no nos equivoquemos, son ellos los que concilian, los que nos ceden a ratitos para que sigamos construyendo, avanzando, soñando, cambiando el rumbo de las cosas a nuestra manera, luchando por que cada día sea un poquito más.

Nos comparten como a los playmobil en el patio del colegio, con el celo de que cuando suene la campana volveremos a sus cajas donde guardan lo que atesoran, a veces con orgullo y otras con resignación. Yo creo que son afortunados. Les hemos faltado muchas noches pero esa ausencia es la que le ha dado valor a nuestra presencia. Nuestros triunfos son también los suyos.

Y como nos lo has pedido públicamente, así te lo voy a decir, delante de todos los que nos leen: eres valiente porque te sabes valiente. Ese es el denominador común de las personas que no se pliegan, que si se agachan es para recoger a alguien y decirle al oído “sigue caminando”.

No sé si estarás de acuerdo conmigo en que la valentía no es una cualidad sino una condición. Aunque me pregunto qué fue primero, si la condición de valiente o el convencimiento de que no hay nada que pueda doblegar aquella ilusión que se alimente cada día.

 

 

Escrito por:Dulce

2 respuestas a “De mujeres valientes, hijos afortunados

  1. Muchas gracias por apoyarnos y por valorarnos.
    Detrás de mucha valentía, hay mucha gente que nos ayuda, que confía, que te anima cuando más lo necesitas.
    Que bien escribes y cuanto me ha emocionado este post, Dulce!

  2. Muchas gracias por poner en valor lo que hacemos, y que sin el apoyo de nuestro entorno sería imposible.
    Palabras como las tuyas nos dan aliento para seguir, y por cierto, en esa lista de nombres, faltas tú.

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