Cuando oí por primera vez el concepto de cocina migratoria, pensé en una cocina fusión dignificada por el lenguaje, pero luego fui a donde Mauricio y me di cuenta de que lo que sucede en su mesa, es la vuelta al mundo protagonizada por el mismo mundo.

En Clectic, conquistado por Mauricio Gómez desde hace muy pocos días, son los países los que van pasando por delante de ti para conquistarte el paladar, el alma y la mochila, con recuerdos únicos.

La cocina internacional ha sido hasta nuestros días un inalcanzable para muchos, basada en míticos platos top donde se encuentran afincados con el derecho de su sabor y su tradición los steak tartar, los cordon bleu, los foies… pero ¿qué pasa con los tacos? ¿y con los ceviches? ¿qué me decís de la coctelería internacional maridada con estas delicias?

Pues eso es lo que Mauricio va a reivindicar en su cocina migratoria -donde, por cierto, no hay freidora- en adelante.

Yo tuve la suerte de hacer el viaje inaugural entre las bambalinas de la típica sesión de fotos y la puesta a punto de los platos -la comunicación y el periodismo te regala a menudo momentos como este-, así que me hice un macuto lleno de imprescindibles: ganas, curiosidad, cámara de fotos, hambre de mundo -fundamental para cualquier expedición- y mucha expectación.

Llegué a Clectic y justo debajo de su ballenato -hoy su nuevo logotipo- visité México, Italia, Perú, Argentina… Perdón, ellos me visitaron a mí. Porque lo que migran son los platos encima de tu mesa, tú sigues siendo ese turista gastronómico que se detiene expectante, cámara en mano, coleccionando recuerdos de sabor extenso.

Me cautivaron sus macarrones con un montón de quesos, gratinados con panko y con bogavante en lo alto, pero su taco de pato… ay su taco de pato… ¡Viva México Mauricio! Suerte con tu cocina migratoria.

Escrito por:Dulce