Antes de entonar un réquiem por la música de verdad, por los grupos que nunca volverán o por los cantautores que se erradicarán casi al mismo tiempo que las placas de hielo del Perito Moreno, quiero agradecer a las cerveceras de nuestro país su papel como descubridoras de talentos musicales de los de verdad, de los de puño y letra y decibelios de más.

Si bien es cierto que desde que he empezado a escribir este post no puedo dejar de tararear grandes éxitos como Fantastic Shine (Love of Lesbian), Applejack (Max down) o Summercat (Billie the visión & The dancers), la cosa no solo va de los anuncios televisivos de Estrella Damm y sus veranos infinitos, porque estaríamos en lo mismo: grandes que apoyan a futuros grandes.

El pasado fin de semana hubo, por tercer año consecutivo, un evento que a mí personalmente me encanta. Se llama A la taula amb Turia y el objetivo es muy sencillo: beber birras, picar alguna tapita de proximidad y escuchar buena música.

Este año fue el turno de The lazy tones y de Rimshot. El territorio musical ya es bandera para las marcas de cerveza y necesario en un entorno en el que nos meten a los OT por todos los orificios posibles desde nuestra querida televisión. Suerte de los que tenemos Netflix.

Mahou hace lo mismo en los Madriles. Mi colega Zanetti, un cantante y compositor de rock-folk que suena aun mejor que muchas estrellas de nuestro firmamento musical, ha tocado en la city gracias a los oteadores de la marca. Me contaba hace muy poco que hoy en día es casi más importante que una buena marca se fije en ti, a que lo haga una discográfica.

Al final el triunfo está en las audiencias, así que olvidemos el concepto clásico de los medios de comunicación y pensemos acerca de cómo una canción puede viralizarse y tirar millas hacia el top de una lista.

No sé qué pensarán las discográficas de todo esto. Lo que opinan las radios sí lo sé, pero no quiero cargarme el romanticismo de estas líneas de un plumazo asertivo.

El fin de semana pasado en la fábrica de hielo, con una Turia en la mano, me preguntaba si en el futuro le va a corresponder a los productores de nuestras birras el lanzamiento de músicos de bien. Me preguntaba si apostar todo a la música es más allá de un territorio de marca, la Responsabilidad Social Corporativa de las cerveceras en agradecimiento a nuestra adicción al bendito zumo de cebada. No sé, la música y las birras, que me ponen romántica.

Escrito por:Dulce