Hoy he leído un post en el muro de Facebook de una persona que se bate a duelo con un cáncer, en el que nos anima a todos: a los enfermos, a los sanos, a los que con mayor o menor esperanza, anem fent, que dice mi familia.

Decía que en la vida nos pasamos todo el tiempo buscando la felicidad sin saber que campa a sus anchas a nuestro alrededor, que es ella la que nos persigue a nosotros.

Manuel nos recuerda, con ese peso que tienen las palabras de alguien que ha tenido que recurrir a ellas para reivindicar lo que de verdad importa, que la felicidad es levantarte cada día al lado de la persona a la que quieres, la sonrisa de un niño de tu familia o la caricia de un rayo de sol.

Imagino que la vida tiene que mostrarnos los caminos más angostos para que demos valor a las flores de los senderos más cotidianos.

Ayer una pareja entró a Sweet Victoria, pasadas las diez de la noche. Les acompañaba la madre de alguno de ellos -me pareció- y casi entre los tres empujaban un carrito con un niño de, al menos, un año muy abrigadito y plácidamente dormido.

Os juro que verles entrar ya me removió algo por dentro. La supuesta abuela, aquella pareja y el carro, se adentraron en el local agradecidos por encontrar una mesa donde cenar relajadamente a la vera de su pequeño. No sé muy bien cómo trasladaros lo felices que eran.

¿Y cómo lo sabes? Lo sabes porque como decía Manuel en su post de facebook, la felicidad es algo mucho más sencillo y evidente que un futurible inalcanzable. La felicidad es tocarle el pelo a tu pareja mientras ella te mira, acariciar la mano de tu madre mientras conversas, arropar a tu hijo al tiempo que sorbes un café caliente y agradecer a la vida la dicha de disfrutar de otra noche como esa.

Lo de la dicha lo decían sus ojos. Se miraban con la responsabilidad de verse, y en su pequeño universo de la mesa del fondo, iluminaban toda la sala.

Las personas, para ser felices, lo único que necesitan es saberse felices. Creo que ahí está el quid de la cuestión.

Me quedé con las ganas de decírselo a los tres, pero no encontré una frase que resumiera todo esto. Tampoco había leído todavía el post de Manuel. Podría haberles agradecido este post de blog por adelantado, al fin y al cabo eso es lo que hacían ellos anoche con la vida, agradecérselo por adelantado.

Observándoles me recordé a mí misma que no es necesario esperar hasta el final de nada para dar las gracias. Creo que eso es también lo que quería compartir Manuel en su Facebook, mientras le pedía a la vida seguir honrándole con su presencia.

Suerte la de los chicos del carro, la de Antonio, la mía y la de los que estáis a tiempo de saberos felices. Quizás la vida sea eso.

Escrito por:Dulce

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s