Hasta hace bien poco pensaba que la fidelidad estaba idealizada y se trataba de un tema de monogamia. ¿Por qué compartir tu vida con una única persona? ¿Por qué para siempre tú y él? ¿Cabe un tercero en alguna ocasión? ¿Sobrevive una pareja a la libertad de su deseo? Dicen que el 30% de las rupturas matrimoniales se producen después del verano. Y eso es lo que le ha pasado a alguien a quien quiero, este preciso verano. A él le gustaría seguir, ella que hasta la semana pasada pensaba como yo…  ahora no se imagina un número impar superior a uno en el amor.

“Compartir a tu pareja no es amarla, porque quien ama sabe que se estremece solo de pensar que otros labios rozarán su piel. Y cuando hablo de amar no hablo de sábanas, hablo de deseo, de palabras, de caricias, del mañana. Pero esto solo lo sabes cuando estás a punto del infierno que significa entender que tu tiempo ya pasó” se le entrecorta la voz mientras intenta definir la realidad, mientras se echa el pozal de palabras frías sobre una piel curtida de años de relación, noches de insomnio entre biberones y esperanzas truncadas por una tercera persona que sí o sí estaba por llegar. Las fantasías sexuales y las infidelidades están muy bien de palabra, pero otra cosa es cuando te toca el turno.

Y es entonces es cuando te comes tus creencias que eran tendencia y sacas del armario tu frase “nada es para siempre” y te retiras con la mayor dignidad posible, que suele ser la justa para no tirarte al suelo y querer que se acabe el mundo en ese preciso momento. Es duro lo de amar y ser amado…

Hay una canción preciosa que dice que sí se puede amar a dos. Si me lo permite Lolita de la Colina, la autora de este hit interpretado por Bebo y el Cigala a principios de siglo, diré que es una utopía llena de romanticismo: la idea de no desprenderte de lo que “te pertenece” para conquistar “lo nuevo”, el deseo de conservar tu familia sin renunciar a la seducción de un tercero. Vamos, algo inviable. ¿Lo aceptaríais? Hay quien vive años entre estas dos aguas aun con el naufragio asegurado.

Hace poco lo comentaba en A buenas horas -el programa de radio en el que colaboro cada lunes- con Juan del Val, que venía a presentar su libro, ‘Candela’. “Hay parejas que alcanzan su madurez cuando admiten que no están solos en el mundo y que hay más personas que pueden, en algún momento, darle al me gusta de tu mundo íntimo” comentábamos. Aquella conversación me pareció inteligente y avanzada. Pero mirándole estos días a los ojos a mi amiga, vuelvo al mar de dudas de lo que significa la palabra TRES.

Somos cazadores, animales, egoístas y monógamos empedernidos. Es algo así como el que más pueda para él… pero aquí lo importante es saber el precio de tu presa, no vaya a ser que te encuentres con poca carne y un coste de bocado brutal.

No sé cuántas veces he dicho, parafraseando a Perales, que “el amor igual que llega pasa”, durante la última década. Y fíjate que aun dispensando estas palabras, una y otra vez, no me han vacunado del impacto que supone decir adiós (siempre con amor, Gracia).

Mi recomendación, amiga mía, es que “cojas aquel vestido que nunca estrenaste y lo estrenes hoy, y salgas a la calle buscando amor”.

Escrito por:Dulce