Adiós con amor

Si algún día habíais soñado con tener una cuenta de email libre de morralla, vacía de mensajes vacíos, sin misivas de CEOS campechanos, ni peroratas de organizaciones que desean cambiar el mundo, despertad porque Europa os ha concedido el deseo. Hoy tenéis la oportunidad de volver a empezar en vuestra casilla de email. Abríos un…

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Los chicos del carro

Hoy he leído un post en el muro de Facebook de una persona que se bate a duelo con un cáncer, en el que nos anima a todos: a los enfermos, a los sanos, a los que con mayor o menor esperanza, anem fent, que dice mi familia. Decía que en la vida nos pasamos todo el tiempo buscando la felicidad sin saber que campa a sus anchas a nuestro alrededor. Nos recordaba, con ese peso que tienen las palabras de alguien que ha tenido que recurrir a ellas para reivindicar lo que de verdad importa, que la felicidad es levantarte cada día al lado de la persona a la que quieres, la sonrisa de un niño de tu familia o la caricia de un rayo de sol.

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Soy tu camarera, no tu esclava

Comencé en el mundo de la hostelería con 17 años. Mi primer trabajo fue en el Pizza Roma de la calle Alberique y lo recuerdo con mucho cariño. Era la persona que recibía a los comensales y les invitaba a una copita de cava antes de sentarse. Luego, durante el servicio, echaba una mano a los camareros y cuando llegaba el momento dulce, llegaba yo -cual metáfora- empujando un carro precioso repleto de postres franceses de la pastelería Lambert. Vamos, una ceremonia de principio a fin, lo del Pizza Roma a finales de los 90.

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Peatón y residente en Valencia

Es posible que esta sea la línea un millón setecientas mil que se escribe sobre la peatonalización del centro de Valencia. Aun así estoy convencida de que es un tema bastante menos manido que el de la independencia de Cataluña, que por cierto me importa ya un rábano y medio -por no decir que me aburre más que a polémica del carril bici-.

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